En una tarde impregnada de identidad, afecto y orgullo patrio, la Embajada de Colombia en España celebró el Día de la Independencia con una recepción que fue mucho más que un acto protocolario: fue un espacio de memorias compartidas, un canto de raíces y un homenaje a la belleza plural del país.
La velada, celebrada el pasado 9 de julio, reunió a representantes del Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación de España, embajadoras y embajadores del cuerpo diplomático, autoridades locales, empresarios, líderes sociales y, por supuesto, a una comunidad colombiana que ha hecho de España su segundo hogar.
Este año, el Valle del Cauca fue el gran protagonista. Una tierra donde el mar besa la selva y la tradición dialoga con la innovación, fue presentada como destino turístico emblemático. Esta región, que se proyecta al mundo como motor de desarrollo sostenible, cultural y empresarial, fue celebrada por su diversidad con una experiencia inmersiva que desbordó colores, aromas, ritmos y saberes.
Cali, epicentro de esta riqueza, se mostró como lo que es: una ciudad de abrazos cálidos, salsa infinita y liderazgo global. Tras haber sido sede de la COP16 en 2024, ahora acoge la Macrorrueda “Colombia, el País de la Belleza 2025”, que conecta a más de 700 empresas internacionales —19 de ellas españolas— con 1.500 compañías colombianas. Es el Valle del Cauca el que hoy le susurra al mundo que otro desarrollo es posible, uno en armonía con la tierra y con el alma.
La jornada fue también un canto a la cultura como lenguaje universal. La exposición “Mambeo: Tiempo y Palabra en la Sierra Nevada”, de los artistas Andrés Rodríguez y Jwicamey Torres, inauguró la noche con un viaje profundo a los rituales, los silencios sagrados y la cosmovisión de los pueblos indígenas. A través de la lente y la palabra, estos artistas ofrecieron una ventana espiritual hacia una Colombia ancestral que aún resiste y florece.
El arte tomó cuerpo con la presentación de la Fundación TCHYMINIGAGUA, que, bajo la dirección de Venus Albeiro Silva, lleva décadas ofreciendo a jóvenes colombianos herramientas de transformación social a través del teatro, la danza y el compromiso con la vida.
La música, ese idioma que no entiende de fronteras, llenó el aire con el poderoso sabor del Grupo Canela, una orquesta femenina liderada por la maestra María Fernanda Múnera. Con más de tres décadas de trayectoria, Canela hizo vibrar a los asistentes con la alegría tropical del Caribe y el Pacífico. Luego, el Grupo Remanso honró con tambores y voces el legado musical del litoral Pacífico colombiano, conmoviendo a quienes reconocen en esas notas el eco de la diáspora y la resistencia afrodescendiente en tierras lejanas.
Uno de los momentos más emotivos de la noche fue la intervención del Embajador de Colombia en España, Eduardo Ávila Navarrete, quien no solo agradeció la presencia de cada invitado, sino que dejó en el aire un llamado poderoso y urgente:
“La migración es un derecho, no un delito. Hoy invito a todos los aquí presentes a permanecer vigilantes frente al avance del racismo en cualquier ámbito de la vida pública. Eliminar el racismo es un deber democrático”.
Sus palabras, dichas con el corazón en la mano, resonaron entre los asistentes como un recordatorio de que los valores de respeto, dignidad y solidaridad deben ser innegociables.
La celebración fue posible gracias al compromiso de entidades que creen en el poder del país como generador de experiencias auténticas y sostenibles. La Secretaría de Turismo del Valle del Cauca, el Cali Valle Bureau, Avianca, Grupo Trinity, Juan Valdez, Mérica, la Industria de Licores del Valle y Carnilsa tejieron una sinfonía de sabores, texturas y afectos. Y las flores —esas embajadoras silenciosas de nuestra tierra— estuvieron a cargo de Flora de Origen, llenando de color y aroma un evento hecho para el alma.
Liliana García, directora de ProColombia en España, lo expresó con sencillez y verdad:
“Colombia, el país de la belleza, promueve experiencias auténticas, sostenibles y de alta calidad. Cali, en la región Pacífica, es ejemplo de ello, con su sabor a selva y a mar”.
Y desde Madrid, en este rincón compartido de dos mundos que se abrazan, se volvió a gritar con el alma: ¡Viva Colombia!