Palabras de mi abuela: “Échele pa´adelante”

Por: Renee Ontiveros Cárdenas


Soy mujer. Soy joven. Soy Asperger.
Tres condiciones que, en este país, muchos aún ven como una tragedia.

El bullying ha sido parte de mi vida. Desde niña enfrenté rechazo y agresión por mi condición. Me dolía la indiferencia de mis compañeros, pero más aún la actitud de sus madres. Era devastador salir de la escuela, ver cómo organizaban a sus hijos para llevarlos a reuniones, y darme cuenta de que yo era la única que no estaba invitada.

Sin embargo, el amor y la atención de mi familia hicieron que mi vida también fuera feliz. Desde pequeña soñé con ser cantante de teatro musical. Siempre disfrazada, entre maquillajes y pedrería, la fantasía y la imaginación se convirtieron en mis mejores aliados. Mi memoria me permitía aprender diálogos y canciones casi al instante.

El mejor momento era cuando se abría el telón. Al pararme en el escenario, durante esos segundos, todas las miradas eran para mí. No había críticas ni burlas, solo silencio… y luego, aplausos. En ese instante, era Renee: talentosa, sensible, carismática. Pero al bajar del escenario, todo volvía a ser igual.

Crecí entre diagnósticos, consultorios, terapeutas y paidopsiquiatras. Siempre aprendiendo, adaptándome, defendiéndome… pero también divirtiéndome.

Vengo de una familia llena de mujeres fuertes, alegres y trabajadoras, que me enseñaron que soy especial no por mi condición, sino por quien soy. Mi abuela Queta, una mujer de campo, siempre decía:
“Quien no toca la puerta, jamás se la van a abrir.”

Por eso mi infancia estuvo llena de amor, motivación, ejemplo… y mucha, mucha fiesta.

Recuerdo cuando mi mamá me llevó a mi primera marcha del Día de la Mujer. Iba vestida de morado, con flores del mismo color en la cabeza. Ese día entendí que no estoy sola, que muchas luchamos por ser escuchadas y respetadas. Ese día, todas éramos iguales.

Aún me cuesta socializar. Quiero tener amigas —y, si se puede, un novio también,— pero sigue siendo difícil cuando lo diferente se sigue juzgando.

A pesar de todo, amo mi vida. Amo ser mujer. Me adapto. Cuando pienso en mi infancia, me veo feliz.

Siempre recuerdo las palabras con las que mi abuelita me motivaba:
“Renecita, a la vida… ¡échele pa´adelante!”

Y aquí estoy.
Echándole todos los kilos para ser una joven contenta, auténtica y feliz.