El pasado 26 de febrero de 2026, en plena Art Week de Ciudad de México, el bartender madrileño Andrés Kisic levantó un reconocimiento que trasciende lo personal: ganó la final global de Ritual Series Vol. IV, organizada por Condesa Gin, situando a Madrid en el epicentro de la nueva coctelería mundial.
Desde la barra de Pensión Mimosas, Kisic ha cultivado una mirada propia, donde cada cóctel es un acto de expresión cultural. Entre más de 500 propuestas internacionales y frente a bartenders emergentes de ciudades como Nueva York, Roma, Barcelona o Los Ángeles, su creación “La Vid de Miravalle” destacó por algo que va más allá de la técnica: una narrativa líquida que convierte el paso del tiempo en experiencia sensorial.
Inspirado en la transformación de la uva —desde su frescura inicial hasta la complejidad del vino de crianza oxidativa—, el cóctel propone un recorrido que comienza luminoso y termina profundo, seco, elegante. La receta combina 50 ml de Condesa Gin Clásica, 50 ml de mosto infusionado con palo santo y epazote, 15 ml de jerez oloroso y una uva fresca inyectada con Pedro Ximénez como guarnición. Cada elemento cumple un papel simbólico: el mosto representa el origen, el jerez la madurez, la oxidación y la memoria; la uva intervenida es el instante detenido, el fruto que ha atravesado su propio rito de transformación.
El jurado, compuesto por figuras influyentes de la gastronomía y la mixología internacional como la chef Daniela Soto-Innes y el bartender Tsunetaka Imada, reconoció en la propuesta de Kisic una coherencia emocional poco habitual. No se trataba únicamente de precisión técnica, sino de una obra donde sabor, concepto y relato dialogaban con armonía.
La victoria comenzó semanas antes, cuando Kisic se impuso en la semifinal celebrada en Barcelona. Sin embargo, fue en México, en uno de los encuentros culturales más relevantes del calendario internacional, donde consolidó su voz frente a referentes globales. Allí, entre arte contemporáneo y efervescencia creativa, su cóctel habló de ciclos, de transformación y de identidad.
Este reconocimiento confirma algo que la escena madrileña viene gestando desde hace años: la capital española no solo vive un auge gastronómico, sino que se ha convertido en semillero de una nueva generación de talento detrás de la barra. Espacios como Pensión Mimosas impulsan una coctelería que entiende la hospitalidad como experiencia y el cóctel como lenguaje.
Porque cuando la técnica se encuentra con la sensibilidad, ocurre lo extraordinario. Y ahora, gracias a “La Vid de Miravalle”, Madrid no solo brinda: inspira.