Fernando Gurrola: el arte de dar alma a los hilos

Por : Valentina Maslow

En un escenario diminuto, donde los hilos se confunden con la respiración del público, Fernando Gurrola convierte la materia inerte en poesía viva. Titiritero, director de escena y viajero incansable del arte, su obra cruza fronteras con la delicadeza y la fuerza de quien comprende que los títeres no son solo objetos, sino portadores de humanidad.

Beneficiario del programa Creadores Escénicos 2025 del Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales (SACPC), Gurrola se ha consolidado como una de las voces más luminosas del teatro contemporáneo. Formado en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), fundó en 2021 Mil Rostros Teatro, un espacio dedicado a la investigación, educación y difusión del arte titiritero. Desde entonces, su proyecto ha viajado por 14 países de Europa, Asia y América, sembrando asombro y ternura en cada función.

Su obra Calaveritas: La Alegría de Vivir, una celebración de la existencia a través del imaginario mexicano, ha conquistado escenarios y corazones por igual. Gracias a ella, Gurrola recibió en 2024 La Simpatía de Kukla en el Baltic Puppetwhirl (Lituania), y en 2025 la presea Petrushki en Nevsky durante el Festival KUKART de San Petersburgo. Ambos reconocimientos celebran no solo su maestría técnica, sino la profunda sensibilidad que atraviesa su dirección.

En paralelo, su iniciativa Calaveritas por el Mundo ha llevado talleres y funciones a los festivales más prestigiosos del planeta —de Rumania a Estados Unidos, pasando por el mítico Teatro Sergei Obraztsov en Moscú—, tejiendo un puente cultural que une tradiciones, lenguajes y emociones.

Este 2025, Gurrola amplía su compromiso artístico con Frankenstein Vive en mi Cerebro, una producción que entrelaza teatro y conciencia social al abordar el cáncer infantil y la salud emocional de niñas y niños hospitalizados. Con funciones en Italia, Dinamarca, Suecia y Francia, reafirma que el arte puede ser bálsamo, espejo y esperanza.

En el universo de Fernando Gurrola, los títeres no solo cuentan historias: respiran, sienten y curan. Su trabajo es nos deja una enseñanza de que el teatro sigue siendo un corazón latiendo en la oscuridad, y que, a veces, basta un hilo para sostener al mundo.