Entre fronteras y acordeones: Los Tigres del Norte, leyenda viva en Madrid.

Artículo y fotografía por : Tania Victoria


Llegué al punto de encuentro a las 10:00 de la noche en el Parque Enrique Tierno Galván, y los acordes del acordeón ya se escuchaban a lo lejos. La gente seguía llegando, muchos ataviados con sombreros y botas, a pesar del cálido verano madrileño. Los Tigres del Norte salieron al escenario más que puntuales, impecables con sus trajes inspirados en el juego de la lotería, y con esa energía que parece no agotarse nunca.

Me sorprendió ver que no solo había mexicanos en el recinto; era una auténtica concentración de banderas y colores que no había presenciado en ningún otro concierto: venezolanos, hondureños, colombianos, bolivianos, entre muchas otras nacionalidades. Era como un epicentro de Latinoamérica unida por la música regional mexicana.

Un señor que iba acompañado de su hija colombiana se me acercó y me dijo:
—Los conozco desde joven. Me gusta mucho su música; admiro la música mexicana.

Uno de los momentos más emotivos fue cuando Los Tigres dedicaron unas palabras a la comunidad migrante. La jaula de oro resonó profundamente en el corazón de quienes estamos lejos de “casa”, porque somos los que nos fuimos, pero no dejamos de cargar con nuestras canciones, nuestras luchas, nuestros sueños y nuestras raíces.

Justo cuando comenzó La manzanita, aproximadamente a la mitad del concierto, bailarines del grupo de Ballet Folklórico Leyendas de México subieron al escenario ataviados con brillantes trajes rojos, dando inicio a una serie de bailables y canciones mexicanas al ritmo de Los Tigres y el mariachi. Durante este repertorio, rindieron homenaje a Vicente Fernández con una emotiva versión de Por tu maldito amor.

Jefe de jefesLa puerta negraGolpes en el corazónNi parientes somos, entre muchos otros éxitos, retumbaron en el ambiente mientras los integrantes del grupo comentaban al público:
—No nos vamos hasta que toquemos todas las que les gustan.

Agradecieron la entrega del público a tan memorable concierto, no sin antes invitarnos a participar en un inmenso karaoke donde las mujeres ganamos al cantar la mejor versión.

Entre la belleza de los trajes típicos del excelente ballet, la unión entre naciones y el placer de corear junto a los íconos de la música norteña, pude reconocer que la experiencia en vivo la disfruté con creces. Y si aún no has tenido la dicha, no lo dudes: ve. El espectáculo que presencié quedó grabado como una anécdota que, sin duda, repetiré.